No hemos considerado comenzar esta nota
repitiendo la descripción que de esta palabra leemos en el Diccionario de
Corominas y Pascual[1] por dos razones: la
primera porque nos coparía el espacio disponible y, la segunda, porque quizás
es más entretenido pasar por descripciones tal vez menos doctas. Comenzaremos
reproduciendo lo que nos dice el Diccionario de la Real Academia Española de la
Lengua:
atorrante, ta[2]
1. adj. despect. Arg. y
Ur. vago (‖ holgazán). U. t. c. s.
2. adj. despect. Arg. y
Ur. Desfachatado, desvergonzado. U. t. c. s.]
3. m. coloq. Arg., C.
Rica, R. Dom. y Ur. Vagabundo sin domicilio fijo.
Tenemos algunas… y todas aceptables ¿cuál será
la correcta?
Vayamos con la primera[3]:
«La palabra atorrar y su
derivado sustantivo atorrante, pertenecientes al lunfardo y utilizadas en Argentina, Paraguay y Uruguay han dado origen a varias hipótesis
sobre su etimología. Para la Real Academia atorrante es un americanismo que
significa vago, holgazán, desvergonzado, sin domicilio fijo, que vive de
pordiosear.
(…)
La palabra atorrante es originaria del español
peninsular. Proviene de atorrar que a su vez deriva de torrar, o turrar cuyo
significado es tostar, abrasar que son verbos regionales. Estos verbos
reemplazaron a tostare del latín vulgar que a su vez proviene de torreo,
torres, torrere, torrui, tostum del
latín clásico con el concepto de ardiente abrasador, secar, desecar, asar,
tostar, abrasar. Clase: adjetivo, masculino / femenino -a, singular //
sustantivo, masculino / femenino -a, singular.»
Ahora citemos la segunda[4]:
«Una hipótesis no comprobada parte del hecho de
que desde fines de la década de 1860 se realizó el entubamiento de aguas
corrientes en Buenos Aires por lo que en algunas zonas costeras de la ciudad de
Buenos Aires se ubicaron grandes caños de desagües pluviales (por el entubado
de los arroyos de Granados, Matorras, Manso, etc.). En tales caños pernoctaban
los vagabundos a los decía atorrantes (tal
cual se les menciona en la novela Quilito , de Carlos María Ocantos, hacia el año 1891) porque
en tales caños figuraba la inscripción del titular de una empresa contratista e
importadora de los caños llamada «A. Torrant» o «A. Torrans». y Así en 1897 en Memorias
de un vigilante, José S. Álvarez hacía referencia a los
desgraciados que dormían en los grandes caños apilados en la zona costera de la
ciudad.3»
Vale decir que esta hipótesis es la que, en
nuestra opinión, es la más difundida, sobre todo en Argentina y Uruguay.
La misma fuente nos da otra versión posible:
«Otra posible explicación, emparentada con la
anterior, es que su origen viene de la época de la esclavitud, en lo que hoy es
el Río de la Plata, cuando se ponía a los esclavos a tostar las semillas del
café, acción que también se conoce como "torrar". Cuando se
encontraba a los esclavos descansando en horas en que debían estar tostando el
café, se decía que estaban "atorrando". De ahí que se designase dicha
palabra para referirse a alguien que no trabaja o no cumple con sus
obligaciones o se despreocupa del prójimo.»
Para acabar su artículo acotando: «Otra
hipótesis es que la palabra provenga de atorrar, y ésta de torare,
verbo napolitano de uso generalizado entre la
gente baja de las poblaciones costaneras para designar la holgazanería, pero
que se aplicaba casi exclusivamente a la tranquila paciencia de los pescadores
cuando no hay pesca.»
Hasta aquí, todo bien, aunque hay más opiniones
al respecto. Rómulo Cúneo-Vidal[5] nos dice
«Decir, como lo hace Arturo Costa Álvarez[6] en
un artículo titulado “la Etimología de atorrante” (…) para la explicación de la
palabra de que se trata “se ha de prescindir de la etimología” no pasa de una
simple humorada”. [7]» y continuando con la cita añade «que el vocablo “atorrante”
aparece catalogado en 1835 en un curioso librito ignorado por nuestros
filólogos de ayer y de hoy: el Index Expurgatorius del
gramático D. Román D. Cañaveras, subinspector de Escuelas en las provincias de
Santiago del Estero.»
En el párrafo siguiente, el mismo Cúneo-Vidal
acota: «La palabra “atorrante” retrotraída a su, para nosotros, innegada forma
quechua, se nos presenta como hattun rantic, de donde hatunrantic y atorrante [8]» y
explicando con una claridad meridiana las razones que le llevan a esta
conclusión, termina su artículo afirmándose en que «”atorrante”, voz hija de
hattun rantic, es voz de indubitable índole quechua.»
Cabe señalar como cierre de esta nota que el
estudioso Rómulo Cúneo-Vidal ‑con quien estamos plenamente de acuerdo‑ aparte
del español, dominaba el quechua,
el aymara, el francés, el griego,
el italiano, y el inglés.»
[1] Diccionario Crítico Etimológico Castellano
e Hispánico, Joan Corominas y José A. Pascual, vol. 1, pág.402.
[2] Diccionario de la Real Academia Española
de la Lengua (www.rae.es)
[3] Quees.la http://quees.la/atorrante/)
[4] Ibidem.
[5] Rómulo Cúneo-Vidal, lingüista,
diplomático, historiador y escritor peruano. Arica 1856, Callao 1931.
[6] Arturo Costa Álvarez, escritor, traductor
y periodista argentino. Buenos Aires 1870, ídem 1929.
[7] Rómulo Cúneo-Vidal, “Enciclopedia Incana”
pp 62 a 66.
[8] Ibidem.
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