miércoles, 30 de marzo de 2016

La vida variopinta de las palabras
ATORRANTE



No hemos considerado comenzar esta nota repitiendo la descripción que de esta palabra leemos en el Diccionario de Corominas y Pascual[1] por dos razones: la primera porque nos coparía el espacio disponible y, la segunda, porque quizás es más entretenido pasar por descripciones tal vez menos doctas. Comenzaremos reproduciendo lo que nos dice el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua:

atorrante, ta[2]
1. adj. despect. Arg. y Ur. vago (‖ holgazán). U. t. c. s.
2. adj. despect. Arg. y Ur. Desfachatado, desvergonzado. U. t. c. s.]
3. m. coloq. Arg., C. Rica, R. Dom. y Ur. Vagabundo sin domicilio fijo.

Tenemos algunas… y todas aceptables ¿cuál será la correcta?

Vayamos con la primera[3]:

«La palabra atorrar y su derivado sustantivo atorrante, pertenecientes al lunfardo y utilizadas en ArgentinaParaguay y Uruguay han dado origen a varias hipótesis sobre su etimología. Para la Real Academia atorrante es un americanismo que significa vago, holgazán, desvergonzado, sin domicilio fijo, que vive de pordiosear.
(…)

La palabra atorrante es originaria del español peninsular. Proviene de atorrar que a su vez deriva de torrar, o turrar cuyo significado es tostar, abrasar que son verbos regionales. Estos verbos reemplazaron a tostare del latín vulgar que a su vez proviene de torreo, torres, torreretorruitostum del latín clásico con el concepto de ardiente abrasador, secar, desecar, asar, tostar, abrasar. Clase: adjetivo, masculino / femenino -a, singular // sustantivo, masculino / femenino -a, singular.»

Ahora citemos la segunda[4]:

«Una hipótesis no comprobada parte del hecho de que desde fines de la década de 1860 se realizó el entubamiento de aguas corrientes en Buenos Aires por lo que en algunas zonas costeras de la ciudad de Buenos Aires se ubicaron grandes caños de desagües pluviales (por el entubado de los arroyos de Granados, Matorras, Manso, etc.). En tales caños pernoctaban los vagabundos a los decía atorrantes (tal cual se les menciona en la novela Quilito , de Carlos María Ocantos, hacia el año 1891) porque en tales caños figuraba la inscripción del titular de una empresa contratista e importadora de los caños llamada «A. Torrant» o «A. Torrans». y Así en 1897 en Memorias de un vigilanteJosé S. Álvarez hacía referencia a los desgraciados que dormían en los grandes caños apilados en la zona costera de la ciudad.3»

Vale decir que esta hipótesis es la que, en nuestra opinión, es la más difundida, sobre todo en Argentina y Uruguay.




La misma fuente nos da otra versión posible:

«Otra posible explicación, emparentada con la anterior, es que su origen viene de la época de la esclavitud, en lo que hoy es el Río de la Plata, cuando se ponía a los esclavos a tostar las semillas del café, acción que también se conoce como "torrar". Cuando se encontraba a los esclavos descansando en horas en que debían estar tostando el café, se decía que estaban "atorrando". De ahí que se designase dicha palabra para referirse a alguien que no trabaja o no cumple con sus obligaciones o se despreocupa del prójimo.»

Para acabar su artículo acotando: «Otra hipótesis es que la palabra provenga de atorrar, y ésta de torare, verbo napolitano de uso generalizado entre la gente baja de las poblaciones costaneras para designar la holgazanería, pero que se aplicaba casi exclusivamente a la tranquila paciencia de los pescadores cuando no hay pesca.»

Hasta aquí, todo bien, aunque hay más opiniones al respecto. Rómulo Cúneo-Vidal[5] nos dice «Decir, como lo hace Arturo Costa Álvarez[6] en un artículo titulado “la Etimología de atorrante” (…) para la explicación de la palabra de que se trata “se ha de prescindir de la etimología” no pasa de una simple humorada”. [7]» y continuando con la cita añade «que el vocablo “atorrante” aparece catalogado en 1835 en un curioso librito ignorado por nuestros filólogos de ayer y de hoy: el Index Expurgatorius del gramático D. Román D. Cañaveras, subinspector de Escuelas en las provincias de Santiago del Estero.»

En el párrafo siguiente, el mismo Cúneo-Vidal acota: «La palabra “atorrante” retrotraída a su, para nosotros, innegada forma quechua, se nos presenta como hattun rantic, de donde hatunrantic atorrante [8]» y explicando con una claridad meridiana las razones que le llevan a esta conclusión, termina su artículo afirmándose en que «”atorrante”, voz hija de hattun rantic, es voz de indubitable índole quechua.»

Cabe señalar como cierre de esta nota que el estudioso Rómulo Cúneo-Vidal ‑con quien estamos plenamente de acuerdo‑ aparte del español, dominaba el quechua, el aymara, el francés, el griego, el italiano, y el inglés.»



[1] Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico, Joan Corominas y José A. Pascual, vol. 1, pág.402.
[2] Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (www.rae.es)
[4] Ibidem.
[5] Rómulo Cúneo-Vidal, lingüista, diplomático, historiador y escritor peruano. Arica 1856, Callao 1931.
[6] Arturo Costa Álvarez, escritor, traductor y periodista argentino. Buenos Aires 1870, ídem 1929.
[7] Rómulo Cúneo-Vidal, “Enciclopedia Incana” pp 62 a 66.
[8] Ibidem.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Día Internacional de la Mujer





Sabemos que la primera celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora fue el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza. Sabemos también que tuvieron que pasar muchos años para que, en 1972 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declarase 1975 como “Año Internacional de la Mujer” y que, en 1977, invitase a los Estados miembros a declarar un día como “Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional”.

No nos vamos a referir al personaje Lisístrata de Aristófanes como un personaje señero porque se nos podría decir que se trata de eso, de un personaje probablemente inventado –cosa que tal vez pueda ser discutida por los estudiosos‑ pero sí podríamos mencionar a Hipatia de Alejandría, astrónoma y matemática que fuera asesinada vilmente y quien es hoy el paradigma de la mujer científica y libre, verdadero icono de la libertad de pensamiento y la autonomía personal de la mujer.
Mujeres de diversas épocas, de las más distintas culturas, incluso verdaderas guerreras como fue el caso de Chañan Curicoca, mujer cuzqueña que a fines del siglo XIV, cuando las tropas chancas estaban a punto de tomar la capital incaica, salió a combatir al lado del inca Pachakuti y contribuir a la desbandada del enemigo.

La mujer combatiente se vio también en la Revolución francesa reclamando  la igualdad social pidiendo «libertad, igualdad y fraternidad». Recordemos que fue durante la Revolución francesa Olympe de Gouges redactó, en 1791, la “Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana”.



Podríamos extendernos mucho más pero lo que nos interesa es el día de hoy, el día de hoy en España y en nuestro idioma en esta fecha tan señera en la nos vemos en la triste necesidad de comentar que durante los más de tres siglos de existencia que tiene la Real Academia de la Lengua, y a pesar de los grandes talentos femeninos que ha producido España, solo diez mujeres han ocupado un sillón en ella.

Pues bien, hoy, ocho de marzo, es el Día Internacional de la Mujer no solo en España sino en muchos países –que no todos‑ y es cosa sabida pero ¿aceptada? No podemos estar tan seguros de ello por lo menos en nuestro idioma, porque si nos atenemos a la realidad actual en que vemos que la palabra paridad se pretende utilizar como sinónimo de igualdad.

¿En qué nos basamos para afirmar esto? Pues, ni más ni menos que en el diccionario de la Real Academia, en el cual encontramos que, para definir la palabra paridad, leemos «1. f. Comparación de algo con otra cosa por ejemplo o símil. / 2. f. Igualdad de las cosas entre sí. / 3. f. Econ. Valor comparativo de una moneda con otra.»… “algo con otra cosa, cosas entre sí”, “una moneda con otra”… ¡Vamos! Que de personas, nada.


Eso es lo que nos dice nuestro diccionario, pero ¿y la Academia?... todo indica que más de lo mismo si nos atenemos a las cifras reales: en más de tres siglos de existencia los sillones de la Academia han sido ocupados por más de mil hombres y solo por diez mujeres y solo por diez mujeres. Dicho con otras palabras ¡Menos del diez por ciento! Y de estas diez tres ya han fallecido.

Esperemos que, de una vez por todas, veamos que los académicos deciden ampliar las acepciones de la palabra «paridad» y ampliar, de paso y ya que estamos, el número de académicas.

Mujeres miembros de la Real Academia de la Lengua

Carmen Conde Abellán (Cartagena 1907-Madrid 1996) fue la primera mujer académica en 1979.
Elena Quiroga deAbarca (Santander, 1921 - La Coruña, 1995), en 1983.
Ana María Matute Ausejo (Barcelona 1925 - 2014) en 1996.
Margarita Salas Falgueras, bioquímica (Canero, 1938) en 2002.
Carme Riera Guilera, escritora (Palma de Mallorca, 1948), en 2012.
Clara Janés Nadal, escritora, poetisa y traductora (Barcelona 1940), en 2015

miércoles, 2 de marzo de 2016

La vida variopinta de las palabras
COBAYA



Que todos los idiomas importan términos de otros idiomas es una evidencia que no precisa demostración, pero algo en lo que pocas veces nos detenemos es en que muchas de las palabras que se importan y exportan entre los idiomas con los que trabajamos provienen de otras lenguas cuyos orígenes ignoramos.

Una palabra que ha recorrido un curioso periplo para llegar a España es cobaya. Se nos dice que es de origen tupí-guaraní y vemos que fue largo su camino para incorporarse al español ya que fue tomada por los portugueses quienes, sin dificultad alguna, la integraron a su idioma y de donde ya a comienzos del siglo XIX ‑1820, si nos atenemos al estupendamente documentado Petit Robert‑ pasó al francés, que es de donde parece nos viene, aunque no sabríamos decir exactamente en qué fecha, así como no sabríamos afirmar si es veraz la afirmación de que cobaya en su tupí-guaraní original significa “rata que se come” dado que la información a la que hemos podido acceder es bastante pobre: cuando ponemos la palabra “cobaya” en un traductor on line este no la reconoce pero si introducimos en un diccionario el término “cobayo” lo traduce como “apere’a”, que el diccionario anterior mencionado traduce como “conejo” (No pensamos que sea este término el que nos lleve a “conejillo de Indias”, apelación de la que nos ocuparemos más adelante).


No sería de descartar que la palabra raíz de cobaya provenga del quechua quwi[1], cosa que no sería incorrecta si consideramos que este animal se habría incorporado a la dieta humana hace cosa de siete milenios en los Andes centrales donde se le llama cuy (del quechua quwi) y que si nos detenemos en lo que nos dice Wikipedia «existen varias formas surgidas a partir del nombre onomatopéyico quechua quwi: cuye, cuyi, cuyo, cuilo, cuis.(y que) en países del área caribeña, Andalucía y Canarias el nombre ha derivado a curi, acure, curí, curío, curie, cury, cuín y curiel.» llegamos a la conclusión de que este personaje estaba destinado a ser un bicho de infinidad de nombres.

 

Ahora bien, otra peculiaridad que presenta este animalito, es que el DRAE prefiere utilizar la apelación conejillo de Indias, acuñada probablemente en el siglo XVI, que es a la que nos remite el DRAE[2] cuando buscamos la o las acepciones de cuy y que probablemente sea la que ha llevado a una mala traducción de “conejillo” por “cerdito de Indias” o, peor aún “cerdo de Guinea” si damos como cierta la información que nos brinda Wikipedia[3].

Sea como fuere, mientras no se despeje totalmente la duda sobre los orígenes de este simpático animal, hoy mascota de moda en varios países, nos quedaremos con lo que leemos en la obra de Joan Corominas y José A. Pascual “Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico”:

 

«COBAYA o COBAYO, ‘conejillo de Indias’ voz americana de origen incierto, quizá del tupí sabúia, çabuja¸ con olvido de la cedilla. 1.ª doc.: cobaya, en latín, con referencia al Brasil, h. 1643.

Ésta es la opinión de Friederici, Am. Wb., 194-5. Falta primeramente determinar en qué países es viva la forma castellana y dónde aparece primero. El Dicc. manual de la Acad. en 1927 atribuye cobayo a la Arg.1 y a Colombia; Malaret da cobaya para este país, Ecuador y Perú. Falta confirmación. Von Martius, Wörtersammlung brasilienischer Sprachen, 1867, emplea una forma culta cavia sobaya, que aporta la opinión de Friederici, pero hacen falta pruebas más antiguas y populares. No es imposible que se trate de una variante fonética del quich. cuy (también coy, kowi, kowe), que en definitiva puede ser imitativo del grito del animal. 


 Pero se funda en Segovia, que lo da como sinónimo de Cui, el nombre usual en este país, por lo menos en el Oeste. Por lo demás, Segovia hace referencia al brasileño y al francés. Parece ser denominación de uso culto.




[1] Véase la reproducción de la definición de Corominas al final del artículo.
[2] «cuy / Tb. cui, Arg., Bol., Chile y Ur. / De or. quechua. / 1. m. Arg., Bol., Col., Ec. y Perú. conejillo de Indias ( mamífero roedor)»

[3] «Etimología en otras lenguas

El nombre que la especie Cavia porcellus recibe en otros idiomas europeos carece por completo de relación con el original.
  • guinea pig (‘cerdo de Guinea’), en inglés
  • Meerschweinchen (‘cerdito de mar’), en alemán
  • морская свинка o mórskaia svinka (‘cerdito de mar’), en ruso
  • cochon d’Inde (‘cerdo de Indias’) o cobaye en francés
  • porquinho da Índia (‘cerdito de Indias’), en portugués
  • cavia peruviana o porcellino d’India (‘cerdito de Indias’) en italiano.»